La educación preescolar en Chile no es obligatoria y son las familias
quienes deciden el tipo de cuidado al que acceden sus hijos e
hijas. Una parte importante de las prestaciones son ofrecidas
por instituciones del Estado o con financiamiento estatal como
la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI), la Fundación
Nacional para el Desarrollo Integral del Menor (INTEGRA) y los
establecimientos municipales con prekínder y kínder, que atienden
fundamentalmente a niños de sectores vulnerables.
En 2005, 493.709 niños concurrían al sistema de educación
prebásico, de los que un 61% asistía al sistema regular del
Ministerio de Educación y un 24,7% a instituciones de la JUNJI
y de la Fundación INTEGRA. De 2003 a 2006, la tasa neta de
asistencia preescolar creció de un 15,9% a un 36,9% y en el
primer quintil de ingresos lo hizo de un 25,4% a un 32,3%. Sin
embargo, aún se mantienen diferencias importantes con el quinto
quintil (hogares de ingresos más elevados), donde la tasa neta
de asistencia preescolar alcanzó en 2006 un 47,4% (Encuesta
de Caracterización Socioeconómica Nacional, CASEN 2006).
Entre las prioridades fijadas por el gobierno de Bachelet en
relación con la infancia se encuentran el proporcionar mayores
oportunidades para más niños y niñas; brindar cobertura con
equidad; garantizar la calidad de la atención; proveer más y mejores
niveles de aprendizaje; atender la diversidad; crear condiciones
de igualdad desde la cuna para todos los niños y niñas, y abogar
por la participación y la integración de la familia.
Según datos del Ministerio de Educación, en el inicio de
la política de ampliación de cobertura para el primer nivel de
transición (2001), esta solo alcanzaba al 14% de la población de
4 años; al término del año 2006, dicha cifra superaba el 60%. Sin
embargo, si bien la cobertura ha aumentado para los niños de
5 a 6 años, persisten graves brechas en la población infantil
menor de esa edad, lo que limita la participación económica
de las mujeres de los quintiles más pobres de la población,
recarga las tareas de aquellas que trabajan y es un freno para el
desarrollo potencial de los niños. Así, la asistencia a sala cuna y
jardín infantil de los menores de 0 a 3 años en 2006 alcanzaba a
un cuarto de la población de esa edad (25,5%) (CASEN, 2006).
El desafío de construir 800 salas cuna ha sido cumplido, y en
la actualidad surge la tarea de evaluar la calidad y el grado de
equidad alcanzado en la educación preescolar.
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